Rosana Carrica tenía 21 años en junio de 1986. Vivía en Miami, relativamente cerca de México, donde se jugaba el Mundial de fútbol. No era futbolera pero tuvo un pálpito. «¿Y si vamos un fin de semana a México para ver un partido del Mundial?», le dijo a Guillermina, su hermana, de 25. «Pasamos por una agencia de viajes, nos ofrecieron el Argentina-Inglaterra, y lo compramos enseguida», agrega desde Carmen de Patagones, donde se radicó ya hace muchos años. Hasta ahora sólo fue dos veces a ver a la selección -la otra sería en 2017, el triunfo 1-0 ante Chile en el Monumental con gol de Lionel Messi-, pero su debut resultó grandioso: estuvo entre los 2.000 argentinos que, se estima, presenciaron en vivo y en directo la canonización de Diego Maradona, el 2-1 ante Inglaterra por los cuartos de final del Mundial 86 del que hoy, 22 de junio, se cumplen 36 años.

En sus únicos tres días en México, desde el sábado 21 al lunes 23, Rosana no recuerda qué cámara de fotos llevó al estadio Azteca -«creo que era una Pentax», responde-. Del revelado que pidió a los pocos días en Kodak, ya de regreso a Estados Unidos, emergieron varias imágenes que hasta ahora no fueron publicadas en medios ni en redes. «Todavía lamento no haber sacado más», dice, aunque a la vez agradece haber estado en un lugar en el que millones de argentinos (o futboleros, de cualquier país) les habría encantado estar. A continuación, 15 fotos desde el Azteca del partido más legendario de la historia del fútbol argentino, y posiblemente mundial.

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Fotos del álbum personal de Rosana Carrica, cedidas para Tiempo

Carrica se alojó en un hotel lleno de dirigentes, técnicos de fútbol y políticos argentinos, con quienes fue a la cancha. En la imagen de arriba, aparece el entonces diputado nacional Carlos Bello, que moriría en 1989, tocando un bombo con los colores argentinos en la entrada al Azteca

El mismo Bello abraza a las hermanas Rosana y Guillermina, junto al resto del contingente alojado en el hotel Crowne Plaza del Distrito Federal, en una foto grupal tomada frente al Azteca, minutos antes del partido. Entre otras figuras de fútbol, aparecen, en la fila superior, Alfio Basile y Mostaza Merlo.

«Ya desde muy lejos te ibas cruzando con otros hinchas -dice Carrica-. La gente tocaba bocina y veías banderas argentinas. Todo era muy emocionante. También vimos a la barra brava de Boca: viajaban arriba de una camioneta azul,  como un Rastrojero».

Las hermanas Carrica junto a Hugo Santilli, entonces presidente de River, uno de los dirigentes argentinos presentes en el Azteca.

Ya en el interior del Azteca, la hinchada de Boca colgó una bandera en el alambrado de la tercera bandeja del estadio: «Muera la Tatcher [sic], el jugador número 12». «Cuando entró la barra de Boca, a la fuerza comenzaron a ocupar asientos que no les correspondían. Los mexicanos los silbaban», recuerda Rosana.

El ingreso de los jugadores al campo de juego visto desde la ubicación de Carrica, en la tribuna opuesta desde donde transmitieron las cámaras de televisión y se ubicaron los fotógrafos asignados al palco de prensa.

Momento de los himnos. Sobresale la misteriosa sombra que cae sobre el círculo central del Azteca. Son los adornos del sistema de sonido del estadio. Los parlantes están encima del círculo central, atados con cables desde las tribunas, y el partido comenzó al mediodía.

Seis minutos del segundo tiempo, primer gol de Maradona, el de la Mano de Dios. La pelota acaba de ingresar al arco y el árbitro, Ali Bennaceur, ya marca el centro del campo de juego para convalidar el gol. Seis jugadores ingleses, entre ellos el arquero Peter Shilton -todavía en el piso-, empiezan su reclamo.

Maradona sabe que cometió un «crimen» y empieza su festejo sin dejar de mirar al árbitro para convencerse de que convalidó el gol. Más de medio equipo inglés intensifica sus protestas.

Una gran postal tomada por Carrica. Maradona está en el aire: el sol del mediodía proyecta la sombra de su salto de manera vertical, mientras Cuciuffo, Valdano y Batista van detrás de él. Dos ingleses rodean a Bennaceur y Shilton va con el puño en alto hacia el árbitro. Dos jugadores argentinos dividen su atención entre Maradona y la queja inglesa.

Carrica estaba tan atenta a su cámara de fotos que consigue esta imagen del segundo gol casi en tiempo real: Maradona aterriza en el césped del Azteca y la pelota toca la red. Diego, desde entonces el barrilete cósmico, acaba de producir su obra cumbre, la que lo convertirá en mucho más que un futbolista. Argentina 2-Inglaterra 0.

Otra vez el salto de Maradona a varios centímetros del césped, como levitando. El preparador fisíco de Diego, Fernando Signorini, viene corriendo por detrás de los fotógrafos. En el área chica también hay acción: el 6 inglés, Terry Butcher, está sentado, impotente, mientras Jorge Valdano recoge la pelota para llevársela hasta Maradona y ofrecérsela como a un rey.

Final de un partido que duró 90 minutos y, sin embargo, parece seguir jugándose, con el recuerdo de la guerra de Malvinas apenas cuatro años atrás. «Donde yo estaba, ningún argentino se quería ir del estadio, los encargados de seguridad nos pedían que nos fuéramos, pero nadie les hacía caso», recuerda Carrica.

«Abajo, en la calle, era una locura. Nos sacábamos fotos con cualquiera que pasaba», recuerda Carrica, que tomo esta última imagen desde lo alto del Azteca, ya cuando se retiraba hacia el hotel. Más de 100.000 personas habían presenciado el partido cuyos goles serían vistos, en los años siguientes, por cientos de millones. El triunfo inmortal cumple sus primeros 36 años.