La charla telefónica que mantuvo el presidente Alberto Fernández con la titular del Fondo Monetario, Kristalina Georgieva, junto con el informe que emitieron los técnicos del Fondo, en el que advirtieron que la Argentina debe lograr una quita sustancial de la deuda que mantiene con acreedores privados, otorgó una bocanada de aire a los funcionarios del gobierno nacional.

Tanto en la Casa Rosada como en el Palacio de Hacienda se percibe que el FMI se juega cada vez más a favor de la posición argentina. Hay una opinión común de que esta actitud del Fondo influirá en la discusión. Detrás del Fondo, aseguran, se encuentra el peso de Estados Unidos.

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“La sensación es la de haber ganado con buenas armas la discusión sobre el estado real de la economía argentina. Fueron semanas de mucho laburo y hasta de didáctica”, le dijo a Tiempo una fuente oficial con conocimiento de las negociaciones que desarrollaron los funcionarios nacionales ante el FMI y los acreedores.

“Quedó demostrado que la ecuación económico social hace objetivamente inviable más ajuste”, agregó.

A partir de lo sucedido el viernes a partir de la charla con Georgieva y el informe técnico del FMI, en el gobierno esperan un cambio en la posición de los acreedores. “En algunos acreedores influirá y creemos que ese cambio se pudo ver en las últimas licitaciones de letras y bonos, especialmente en la última. Otros solo buscarán que todo se caiga para pleitear”, indicó el funcionario.

Tiempo pudo saber que hacia la mitad de esta semana habrá más contactos con el Fondo y con los acreedores. Las expectativas son moderadas en el sentido de avances sustanciales, pero en el gobierno creen que están bien encaminados.

Bonistas confundidos

A medida que pasan los días y la pandemia de coronavirus se acentúa en todo el mundo, se reducen las posibilidades de los acreedores de bloquear el canje de deuda que tiene en mente el gobierno. El parate económico que está provocando la pelea contra la pandemia genera cuadros políticos y sociales muy distintos a los que había apenas dos meses atrás. En general, los gobiernos están en deuda con los ciudadanos más vulnerables, a muchos de los que no llegan las ayudas estatales.

Así las cosas, los grandes fondos podrían encontrar que coaligarse para impedir el canje de deuda implica un costo político que no quieren pagar. Ello podría derivar en que se desprendan de sus tenencias a precio vil y entren a tallar en la escena los grandes fondos buitre, del estilo Elliott Management, conocido por los argentinos.

En este escenario toma cuerpo la idea de postergar la presentación oficial del canje de deuda, la que debió estar lista hace dos semanas, de acuerdo con el calendario que publicó Economía en enero pasado.

¿Qué hacer con la deuda en dólares y legislación extranjera que va venciendo mientras se negocia? En el gobierno hay dos alas diferenciadas a la hora de dar la respuesta: una, la más conciliadora, busca que no se rompan las negociaciones y que para mostrar su voluntad de pago aunque con quita, la Argentina pague parcialmente esos vencimientos. La otra es no pagar nada y mandar a la cola de cobro a los dueños de esos bonos. Este último sector agrega que es “inviable políticamente” mostrar al gobierno pagando deuda externa mientras, al mismo tiempo, la pandemia hace estragos en la economía y el tejido social nacional. Cabe aclarar que en lo que va de enero y febrero, el gobierno de Fernández pagó 157 mil millones de pesos de la deuda. Una cifra que se hace imposible de sostener.