El fuerte respaldo diplomático permitirá que Argentina negocie en mejores condiciones la reestructuración de su deuda con el Fondo Monetario Internacional. También facilitará que el Club de París acepte una recomendación del Fondo para postergar un inminente vencimiento por U$S 2400 millones. Esas fueron las sensaciones con las que regresaron el presidente Alberto Fernández y la delegación que lo acompañó en su gira por Europa.

En líneas generales, los mandatarios y principales representantes de los gobiernos de Portugal, España, Francia e Italia dieron su aval al pedido para postergar la devolución del crédito por U$S 44 mil millones, cuya primera cuota vence en septiembre, y para la eliminación de varios cargos que encarecen los pagos por intereses. Los platos fuertes de la gira fueron las reuniones con el papa Francisco y con la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva.

Tan centrales fueron esas dos entrevistas que relativizaron la trascendencia del tema más urgente, que es el último pago que Argentina debe realizar al Club de París. Formalmente el plazo para saldar el acuerdo de refinanciación celebrado en 2014 vence a fin de mes, aunque hay un período de gracia de 60 días antes de declarar el default formal. Sin embargo, en las entrevistas, sobre todo la mantenida con el presidente francés, Emmanuel Macron, se acordó que aun ante la ausencia de un programa vigente con el FMI (una de las condiciones sine qua non establecidas en su reglamento), los países y entidades oficiales que conforman el Club considerarán como válida una declaración o aval oficial del Fondo para postergar esa obligación.

Esa “ventana de tiempo” es la que había solicitado el ministro de Economía, Martín Guzmán, en su viaje previo por Europa. Por eso, en la delegación argentina estaban satisfechos con haberla conseguido. “Lo del Club de París está atado al Fondo, es como un tema subsidiario”, blanqueó el presidente a la hora del balance.

La mano del Papa

La reunión Fernández-Georgieva tuvo todo el sello de la diplomacia vaticana. De la nada, Francisco armó un encuentro académico (un seminario con el sugerente título de “Soñando con un mejor reinicio”, organizado por la Pontificia Academia de Ciencias Sociales del Vaticano), en el que sentó a Guzmán en la misma mesa que Georgieva, los principales encargados de finanzas de los países europeos y hasta el estadounidense John Kerry, exsecretario de Estado y actual asesor de Joe Biden.

El seminario fue una excusa para que Fernández y Georgieva tuvieran su primer encuentro cara a cara. Allí el presidente pudo mostrar las fotos que se había sacado en los días previos con Antonio Costa, Pedro Sánchez, el rey Felipe VI, Emmanuel Macron, Mario Draghi y el propio Francisco, para ablandar cualquier resistencia de la economista búlgara.

“Fue una reunión muy productiva, es la primera vez que la puedo ver cara a cara. Hablamos con mucha franqueza y expresamos nuestras voluntades de resolver el problema de la deuda, pero con una solución que no signifique postergar al pueblo argentino, que la está pasando muy mal entre la pandemia y la economía que heredamos y no se termina de ordenar”, dijo el presidente a la salida de la reunión. “A Georgieva la vi muy consciente y muy receptiva. El resto es un tema de negociación”, agregó.

Es precisamente ese campo, el de las negociaciones, el que se abre ahora. También es el que dirá si la fuerte apuesta del gobierno, que implicó que el presidente y su ministro de Economía (este último por segunda vez en un mes) fueran a golpear la puerta de los principales despachos europeos, con la ayuda del Papa, valió la pena. “El presidente viajó con la idea de comenzar a cerrar un problema estructural del país. Un problema heredado. Y los apoyos fueron muy significativos”, dijeron fuentes de la delegación, a manera de balance.

Ministerio de Economía de la Nación – Prensa

Cuestiones técnicas

Por de pronto, mientras Fernández y Georgieva se encontraban en una habitación del hotel Sofitel, de Roma, en un despacho contiguo Guzmán celebraba su tercera reunión de la semana con Julie Kozack, la funcionaria del Fondo a cargo de las discusiones con Argentina.

En esas conversaciones técnicas, hay dos rubros en los que el gobierno cree haber logrado plafón político para imponer su visión. Uno es la eliminación de las sobretasas de 2% anual que cobra el Fondo a los países que acceden a préstamos muy por encima de la cuota que integran como capital social (el stand by otorgado al gobierno de Mauricio Macri en 2018 equivale a 13 veces esa cuota). Aplicado a la deuda argentina, se trata de unos U$S 900 millones al año.

En segundo lugar, el gobierno insistió en la creación de algún mecanismo para que los países de ingresos medios resulten más beneficiados de la asignación de Derechos Especiales de Giro (DEG) que el Fondo estudia para el segundo semestre de este año. En los cálculos previos, Argentina recibiría U$S 4300 millones. Guzmán pidió “encontrar un mecanismo para redistribuir los DEG que no son utilizados por países que no los necesitan para países que realmente lo necesitan”. Georgieva prometió estudiar ambas cuestiones.

Ese monto extra, por cierto, coincide con las obligaciones al Fondo previstas para este año (dos cuotas de capital de U$S 1900 millones, en septiembre y diciembre, más U$S 700 millones de intereses). En el Palacio de Hacienda se ilusionan: los nuevos DEG y una postergación de un año en el pago al Club de Paris significarían un plus de U$S 6700 millones.

Sectores del Frente de Todos quieren asegurarse de que esas partidas se destinen a financiar los gastos extras de la pandemia y cubrir programas que aseguren el rebote de la actividad.

Plazos

El tema que parece generar mayores fricciones son los plazos, tanto para negociar como para pagar. Fernández dijo que “la vocación es encontrar un acuerdo lo más rápido posible”, pero lo cierto es que en las últimas semanas las conversaciones parecen haberse estancado y que el Fondo no ofrece más que un nuevo crédito a diez años de plazo. En sus estatutos no existen las dos décadas que pide el sector más duro del oficialismo, ni un empalme de programas que sumen 14 años, como exploró el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, con enviados del gobierno de Estados Unidos.

Más aun, los números que en el verano habían discutido los técnicos del FMI con Guzmán y el director argentino ante el organismo, Sergio Chodos, quedaron relativizados por una inflación que en sólo cuatro meses se cobró casi el 60% de la previsión oficial para todo el año. Los retrasos en el tipo de cambio y sobre todo en las tarifas (rubro en el que parece haber triunfado la posición de evitar mayores costos a la población) no podrán ser ignorados en una nueva ronda de discusiones. “Con el presidente Fernández nos comprometimos a continuar trabajando juntos en un programa respaldado por el FMI”, dijo Georgieva, dejando en claro que quiere una hoja de ruta bien detallada por parte del gobierno y que no está dispuesta a saltearse los manuales de la entidad, por más presión diplomática con que la corran.

Cronología

Diciembre de 2019
Ya designado ministro y sin haber asumido, Guzmán visita a Georgieva en Washington. Tres meses antes había quedado suspendido el acuerdo stand by con el macrismo.

Febrero de 2020
El ministro y la titular del FMI coinciden en el seminario “Nuevas formas de fraternidad solidaria”, en el Vaticano.
Dos semanas después, se encuentran en la reunión del G-20 en Riad. Acuerdan el envío de una misión del FMI a Argentina.

Octubre de 2020
Conversación telefónica en plena corrida cambiaria. “Seguiremos apoyando a las autoridades en su trabajo ante las presiones del tipo de cambio y para estabilizar la economía”.

Marzo de 2021
Encuentro en Washington. “Se profundizó el apoyo a los principios económicos de nuestro plan de gobierno”, dijo Guzmán.