«La propiedad inmobiliaria en general y la vivienda en particular configuran una de las más nuevas y poderosas fronteras de expansión del capital financiero», afirma Raquel Rolnik al comienzo de su libro La guerra de los lugares, la colonización de la tierra en la era de las finanzas. La destacada urbanista brasileña recabó testimonios a lo largo y ancho del planeta desde su rol como relatora especial de la ONU para el Derecho a la Vivienda Adecuada. En diálogo con Tiempo durante una reciente visita a nuestro país, analizó esta crisis y su impacto en la región. «El fenómeno que estamos identificando en todo el planeta es la financiarización del espacio construido a gran escala, sin precedentes –enfatiza–. Tenemos una escala muy grande de un capital excedente global que circula libremente en la esfera financiera y encuentra en el mobiliario una garantía muy importante para su capacidad de acumulación. En este sentido, el capital no necesita que los inmuebles sean habitados. Esto explica la enorme cantidad de viviendas que permanecen vacías por años. Este capital compite por la localización del espacio urbano con los vecinos, quienes por cierto no tienen capacidad de ganar. Esto genera procesos masivos de desposesión».

–Su análisis es global pero, en particular, ¿cómo analiza su impacto en América Latina?

–Tenemos situaciones diversas. El mercado inmobiliario está muy dolarizado. En Argentina, esto le da una cara particular de la financiarización, distinta a Colombia, Brasil o México. En América Latina nunca hemos tenido acceso a la ciudad para toda la gente. Nunca ha sido universal. Las consecuencias de este despojo son aun más agudas.

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–¿Cómo analiza la situación de la Argentina donde, por ejemplo, se debate cambiar una Ley de Alquileres a favor del mercado inmobiliario?

–Debemos reconocer que hay una crisis en los alquileres en Argentina. Mucha gente debe endeudarse o evitar consumos esenciales para poder pagarlo. Esto es parte de un fenómeno global. El alquiler se ha convertido en el nuevo frente de financiarización de la vivienda en todo el planeta. Esto pasó luego de la crisis hipotecaria provocada por este mismo proceso y porque se ha desmantelado toda la política social de vivienda en nombre de un solo modelo: que la gente pueda acceder a la vivienda a través del crédito. El resultado en muchos países ha sido la crisis financiera hipotecaria, una burbuja que se alimentó de este movimiento, estalló, y sus consecuencias las sufrieron los más vulnerables. Los mismos agentes financieros que se han metido en la promoción masiva de vivienda por crédito en la primera ola de la financiarización de la vivienda ahora compraron un stock vacío de viviendas para ponerlo en alquiler.

–¿Vincula la crisis argentina con la Ley de Alquileres?

–Para nada la crisis es producto de la regulación de la Ley de Alquileres. En realidad, lo que hace la ley es darles a los inquilinos un poco de seguridad, que puedan mantenerse por un tiempo en su casa, lo que es fundamental. La casa no es cuatro paredes y un techo: es un lugar a partir del cual las familias acceden a la ciudad y organizan su vida.

–¿Cuál cree que es el impacto que tuvo la pandemia en esta crisis habitacional?

–La pandemia puso de manifiesto una crisis que ya estaba instalada. Hoy día estamos en una emergencia global. El tema de tener que hacer una cuarentena y las inequidades absolutamente irritantes en las condiciones de vivienda representaron desigualdades muy importantes en términos de capacidad de la gente de protegerse, de no morir ante la crisis sanitaria. La pandemia ha permitido impulsar políticas de vivienda inimaginables. Por ejemplo, un stop a los desalojos, que era una reivindicación histórica de los sectores populares. Las medidas aplicadas son ejemplos de lo que se puede hacer ahora en la pospandemia para enfrentar la crisis de vivienda.

–¿Vislumbra cierto tipo de resistencia a este avance de la especulación financiera-inmobiliaria?

–Observo un renacer de movimientos en torno a la vivienda a nivel mundial. Esto tiene distintas caras: sindicatos y movimientos de inquilinos, que son algo muy fuerte en ciudades europeas y que comienza a aparecer en países como Argentina. Esto se suma a movimientos de los sin techo o contra el desalojo. Estamos hablando de una crisis global de vivienda, y también de un proceso de resistencia global y defensa del derecho a la vivienda que, creo, está teniendo un impacto político importante en lo que será el cambio de la financiarización de la vivienda hacia una política de vivienda que pueda proteger a la gente y a la vida. «