El 35º aniversario de la muerte de uno de los músicos más trascendentales de la historia del jazz siempre es motivo para repasar su vida y obra. Hablamos de Chet Baker, el genial trompetista y cantante estadounidense (tal vez la figura más rutilante del west cool jazz del género) que en 1988 cayó desde el tercer piso de un hotel en Ámsterdam, muriendo pocos minutos después. Con su muerte nació una leyenda que mucho tiene de marketing y sordidez al explotar las diferentes aristas de un artista que pasó por todos los excesos, pero que sin embargo siempre obtuvo excelentes resultados artísticos.

Baker nació el 23 de diciembre de 1929 en Oklahoma (USA), en el seno de una familia donde experimentó violencia física. Por esa razón, antes de cumplir 17 años se escapó de su familia para enrolarse en el ejército de su país. Fue por esa época que empezó a amar al jazz y a ejercitar cada vez más con su trompeta (que la había conseguido gracias a cambiar un trombón que le había regalado su padre), fascinado por la revolución del bop impulsado por Dizzy Gillespie y Charlie Parker, con quien llegaría a tocar y a resaltar con brillo propio. Al mismo tiempo y fascinado por el sonido de Miles Davis es que Baker comienza a sentirse influenciado por éste, y al mismo tiempo comienza a cambiar el mundo del jazz, algo que rápidamente la prensa identificaría con el sonido de la costa oeste estadounidense.

Baker grabando

A menudo ese sonido era calificado como “blanco” y encontraba en Baker a su mejor exponente. En 1951 el sello Pacific Jazz enseguida captaría a músicos de esa vertiente, donde Chet Baker, casi de manera lógica y natural, sería su embajador número uno y poco tiempo más tarde saldrían varios de sus discos. Luego de un periodo junto a Gerry Mulligan, el trompetista estallaría como uno de los más genuinos y rutilantes músicos del entonces en formación movimiento beat, donde la libertad sexual, la literatura, el estudio de la filosofía oriental y el uso de sustancias formaban sus pilares esenciales. Como un camino que luego se expuso como lógico, Baker vivía esos elementos (especialmente el relacionado con el abuso de drogas) de manera extrema, lo cual le dio origen a su adicción a la heroína. Un tiempo antes de comenzar su primera gira por Estados Unidos (contratado por Joe Glaser, un tipo de la mafia que trabajaba con Duke Ellington y Billie Holiday, entre otros), Baker grabó en 1954 su primer disco como cantante. En Chet Baker sings, el músico recreaba en gran forma un puñado de clásicos de la canción de Estados Unidos que fue ampliamente celebrado por la crítica y el público de la Costa Oeste. Semejante éxito no fue celebrado por todos (especialmente por los músicos y críticos de la Costa Este) donde se escucharon voces que lo llamaban de manera despectiva. Poco le importó esto al trompetista, al punto de nunca más dejar de cantar, al mismo tiempo que perfeccionaba su técnica vocal para transformarla en otro de sus grandes aciertos artísticos.

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Mientras tanto su charme y calidad como músico iban creciendo, también su adicción a la heroína fue haciendo lo suyo. Son famosos los casos en los que protagonizó incidentes, entradas a centros de rehabilitación y temporadas en la cárcel como alguno de los picos olvidables de su vida. En 1966, ya casado y con una hija recién nacida, recibió una paliza que casi lo mata por parte de cinco jóvenes que le robaron todo su presupuesto para comprar drogas. Mucho se dijo de ese incidente donde le rompieron los dientes de tal forma que tuvo que prácticamente volver a aprender a tocar su instrumento. La paradoja de esto es que su sonido se transformó, se volvió intenso y también más cansino, misterioso.

El genio como músico de Baker siempre colisionaba con su inseguridad, al punto de escaparle a cualquier tipo de situación que le provocase responsabilidades. Para gambetear situaciones, siempre encontraba en la heroína y diferentes sustancias la mejor vía de escape para viajar hacia otras realidades. Mucho de eso puede verse en su autobiografía (As though I had wings. The lost memoir, que podría traducirse bajo el título de Como si tuviera alas), donde el músico cuenta cuáles fueron sus métodos para aprender a tocar la trompeta, su crecimiento como profesional en la difícil arena del jazz de la costa oeste, pero también cómo comenzó a engancharse con las drogas haciendo de la heroína su favorita.

Chet en Europa

A comienzos de los años setenta actuó de manera esporádica pero a finales de esa década se retiró por completo. Ya en los años ochenta y de regreso en el mundo de la música, Baker pasó largos periodos en Europa, un poco por la admiración del pueblo europeo, pero también por los problemas en los que se metió por el consumo de sustancias. Mientras que en su país fue perdiendo notoriedad, en lugares como Francia e Italia era un verdadero ídolo. Su último concierto lo ofreció en Alemania el 1° de abril de 1988. El 13 de mayo de aquel año moriría en Ámsterdam.

En vida grabó más de 100 discos, y muchos más salieron después de su muerte. Muchos historiadores del jazz se preguntaron cómo fue tan resistente al consumo de drogas, porque su muerte, a los 58 años, podría haberse dado mucho tiempo antes. Sin embargo, su trabajo sigue estando ahí, como uno de los corpus más excelsos del mundo de la música.

Foto: FRANK PERRY / AFP