HBO Max agregó a su catálogo la serie Alf, la mítica comedia de los años ochenta creada por Paul Fusco y Tom Patchett. Pocas historias son tan fáciles de digerir, a pesar del tiempo y sin perder efectividad, como la de este visitante del planeta Melmac que desordena la vida de una familia común y corriente con su forma de ser tan particular. Desprolijo, egoísta y sin modales, pero al mismo tiempo tan carismático, simpático y de buen corazón, es inevitable querer al pequeño extraterrestre peludo que, no importa lo que haga, siempre termina perdonado.

Las razones por las cuales la serie resiste el paso de los años son varias. En principio, porque es una sitcom para toda la familia, con un humor circunstancial lleno de un sarcasmo sofisticado y sutil, que esconde en la ternura de su personaje central una crítica a la sociedad y la vida cotidiana de los suburbios. Es simple y directa, y cómo nació hace 36 años, tiene un armado sin estridencias, de decorados simples que recuerdan cómo se hacía televisión en aquella época. Además, los capítulos se pueden ver de manera aleatoria.

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Lo que sigue es una lista de algunos de los episodios más memorables, aunque en los 102 que forman las cuatro temporadas en las que Alf estuvo al aire (desde 1986 a 1990), hay miles de escenas que son merecedoras de un grato recuerdo y dignas de volver a ver.


Bienvenido

El primer episodio de la serie es clave. Todo era normal en la casa de la familia Tanner: a la hora de cenar el hijo pequeño se niega a comer, su hermana adolescente quiere pedirle el auto prestado al padre, y éste llega cansado del trabajo para ser recibido por su esposa ama de casa con cara de circunstancia. Más allá de los parámetros de época, el retrato es el de una familia estadounidense de clase media. Pero todo cambia cuando un extraterrestre que cayó del cielo se mete en su garaje y en su vida. Así comienza esta historia que tiene a un amigable ser del espacio exterior de protagonista. Los Tanner se encargan de cuidar y proteger a Alf para que nadie se entere de que tienen a un alien viviendo entre ellos, pero este se inmiscuye en cada detalle de la vida familiar, siempre para crear caos y llamar a la risa de los televidentes que convirtieron esta serie en todo un clásico. En la serie, Gordon Shumway es el verdadero nombre de Alf, que deriva de la sigla “Alien Life Form” en inglés (cuya traducción significa “forma de vida extrarrestre”), quien se adapta desde un principio a su nueva vida mientras espera regresar a su planeta. Durante ese tiempo, hará de las suyas.


Cosa salvaje

Este es uno de los capítulos más recordados de la primera temporada. Alf está en el living de la casa leyendo y jugando con el pequeño Brian hasta que se da cuenta de que es primero de marzo, por lo que convoca a una reunión familiar de  urgencia. Ante la atenta mirada  de los Tanner comenta que al día siguiente será 2, y que en esa fecha, cada 75 años, él experimenta una transformación que desde el anochecer hasta el amanecer, en el que su personalidad se altera drásticamente para adoptar un comportamiento salvaje y errático. ¿El peligro? Que en ese rapto de locura rapte a un gato. La familia construye, a pedido de Alf, una jaula, pero de madera: el extraterrestre teme que no resista y ceda ante su insitencia por calmar el deseo de comer felinos. Una de las escenas más recordadas del capítulo son los primeros cambios que sufre el alienígena en su proceso, que apenas entra en su encierro, imita a la perfección las voces de cada uno de la familia con tal de salir y  claro, comerse al gato.


Todo se arregla hablando

Este parece, en un principio, un capítulo más:  Brian inventando excusas para que sus amigos no vengan a su casa y la adolescente Lynn y los padres lidiando con todo esto. Luego, cuando las tensiones con el invitado de otro planeta se hacen insostenibles porque éste no respeta las reglas de convivencia básica, el matrimonio decide llamar a un psicólogo para encarar una especie de terapia familiar, que será desopilante. Es de esos capítulos que reafirman la capacidad de los guionistas de llevar la historia por distintos climas. Superado el temor de contarle a alguien más de la existencia de Alf, se produce una escena memorable: el profesional propone a la familia, durante la cena, intercambiar roles, generando así un paso de comedia muy divertido para el espectador.


Funeral para un amigo

Desesperado por tener una mascota, Alf se obsesiona con una granja de hormigas que le regalan. Él quería un caballo, pero finalmente le terminan gustando esas trabajadoras incansables, y realmente se ocupa de ellas; quizás, demasiado. Una mañana hay que darle la peor noticia al pequeño peludo: sus hormigas han muerto. Le proponen a Alf realizar una despedida como corresponde, un funeral para cada una de ellas, con palabras de toda la familia, y un epitafio final. La escena es en el jardín de la casa, donde Alf propone un picnic para que no falten hormigas en el evento, regalando así una de las mejores rutinas de la serie. Además, aquí se muestra claramente el costado obsesivo compulsivo del alienígena. Una joyita.


Consideren que ya me fui

Este, el  episodio 24 de la cuarta temporada es el último de la serie. Es uno de los más criticados por los fanáticos, por tener un desenlace agridulce, demasiado abierto. A pesar de que intentaron repararlo años más tarde con una película, no lo consiguieron. Pero seguramente lo dejaron así pensando la posibilidad de continuar con la historia una temporada más, lo cual no sucedió. En este capítulo Alf recibe una señal codificada en la cual le indican que irán a buscarlo alienígenas de su misma especie. Con la ayuda de su familia adoptiva en la Tierra, logra decidir entre quedarse o irse, optando por lo segundo. Pero el mensaje en clave también es recibido por el gobierno. Luego de despedirse de los Tanner, Alf espera en el punto de encuentro a la nave que lo recogerá. En ese momento aparecen en escena varios autos de la Fuerza Antiextraterrestre y lo acorralan antes de poder marcharse. El episodio termina con Alf rodeado por los militares y separado de Willie, Kate, Lynn y Brian. Tal amargura es la que provoca, que no se entiende por qué se da ese final en una serie que trajo tantas alegrías. Este último capítulo no empaña, sin embargo, todo lo que la comedia significó.