Las inmediaciones del casco histórico de la Ciudad de Buenos Aires se caracterizan por la proximidad de los peatones y el tránsito vehicular: calles angostas, zona de viviendas centenarias (o más antiguas) y casas bajas; y varias reliquias que se admiran en las alturas al levantar la vista, una visita obligada para los turistas que deambulan por la Ciudad. Hace más de 30 días, la esquina de Venezuela y Perú cuenta con un nuevo atractivo que escapa a lo deseos de cualquier destino turístico. Baldosas rotas, pozo y vallas de madera que impiden el merodear cotidiano por esa zona que, si bien es algo común en gran parte de la ciudad, lo grave es que esta obra se encuentra prácticamente abandonada, y a la entrada de un Centro de Formación Integral para personas ciegas.

El instituto pertenece a la Asociación de Ayuda al Ciego (ASAC), está ubicado en Venezuela 584 y es un espacio donde se trabaja de manera integral para mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad visual. Los objetivos son esenciales: estimular la autonomía personal, la inclusión y participación social. “Imaginate que pasamos el Día Nacional de la Accesibilidad que fue el 15 de marzo, esquivando los pozos y las vallas, mirá que paradoja”, cuenta a Tiempo Osvaldo Carrero, un hombre ciego que hace años asiste al Centro de Formación. Allí las personas se forman y capacitan en diferentes oficios como carpintería, cerámica, tejido y computación; al mismo tiempo que realizan Educación Física y talleres de Arte y Música

Sumate y apoyá el periodismo autogestivo

ASOCIATE

“Si tengo que ir para el lado de Perú, no me queda otra que cruzar y caminar por la calle mientras los autos me tocan bocina y cuando se dan cuenta que soy ciego se calman. No hubo ningún accidente de casualidad y nadie se hace responsable de esta obra”, agrega Osvaldo mientras recuerda que la zona sufre “dos o tres cambios de baldosas al año en el mejor de los casos. Para poder caminar por acá nos ayudan los profesores, eso no es autonomía personal por la que tanto luchamos.

Todos los días a las 16, hora de salida de quienes asisten al instituto, los profesores, profesoras y el equipo de conducción del lugar, arman un cordón para que las personas ciegas puedan caminar y sortear la obra sin sufrir ningún accidente.

Mirtha Calise asiste al lugar desde el año 2018 y cuenta que la obra abandonada es uno de los tantos obstáculos que encuentran a la entrada y en las inmediaciones del instituto. “No hay ningún tipo de control, cuando entramos o salimos tenemos motos en la vereda, baldosas rotas, pusieron unas ‘balas’ de adorno llegando a la esquina que cuando vamos caminando tenemos que ir tanteando y nos van diciendo ‘ahí viene la bala, guarda’ para no llevarnos por delante eso y caernos al piso”.

Las veredas próximas al centro integral para personas ciegas, deberían contar con baldosas especiales que se usan de guía para transitar de forma más rápida y segura al lugar. “Esas baldosas no la pusieron nunca, nadie del gobierno porteño se hace cargo de esa situación como si ignoraran que en este lugar asisten cientos de personas ciegas por día. Con estas baldosas especiales que tienen unos circulitos, nos facilitarían mucho cuando caminamos con el bastón por esta zona que es muy transitada, pero en lugar de esas baldosas nos ponen las balas de adorno, parece a propósito”, agrega Mirta.

Otro estudiante que asiste a los cursos y talleres del lugar contó que hace poco sufrió un robo antes de ingresar al instituto. “Nunca hay un policía por acá y saben que la zona a veces se llena de personas mal intencionadas que se quiere aprovechar de nosotros”, cuenta a Tiempo. “Nos ven con el bastón y piensan que uno no ve del todo, yo tengo visibilidad reducida y veo formas, me puedo defender un poco más, pero la última vez que me robaron me sorprendieron y no lo pude hacer”.

El estudiante recuerda que “en febrero también rompieron la vereda pero a la izquierda de la entrada principal, en este caso fue la empresa de agua, estuvo como 10 días y después arreglaron, pero la de acá hace más de un mes que la dejaron abandonada y el gobierno porteño no la arregla”.

Hasta las plazas son inaccesibles para personas ciegas

El “sentido común” supondría que en los espacios públicos, abiertos, y de grandes dimensiones, las personas ciegas podrían transitar sin inconvenientes, pero, al parecer, el sentido común no funciona en este aspecto como en otros tantos. Un informe del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo del 2020, basado en una sistematización de denuncias realizadas por ciegos y ciegas, advierte que entre los años 2008 y 2019 las personas con discapacidad son las que más han sido discriminadas (20,2%) y «la vía pública aparece entre los principales ámbitos donde se experimenta esa discriminación».

En plazas y parques «existen problemas y barreras que debemos resolver para que sean de disfrute para todas las personas, sin distinción de edad ni condición de discapacidad». Las «escaleras, rampas y vados, los juegos infantiles, la señalización, la cartelería, los bebederos y senderos pueden constituir, por su ausencia o diseño, verdaderas barreras físicas y de comunicación», advierte el INADI. Otro obstáculo que aparece en el informe titulado «Accesibilidad en plazas y parques: pautas para prevenir prácticas discriminatorias», son «los contenedores de basura. Ante este panorama, el INADI propuso «relevar e identificar obstáculos y barreras transitando cada espacio y usando los juegos, en conjunto con niños y niñas, adolescentes y adultos con diversidad de discapacidades sensoriales, motrices e intelectuales».