Desde que 32 selecciones juegan el Mundial, es decir desde Francia 98, nunca habían clasificado a los octavos de final tantas de África (Senegal y Marruecos) y de Asia (Japón, Corea del Sur y Australia, eliminada por Argentina) como en Qatar 2022, el Mundial más mundial de los Mundiales, con representación de los cinco continentes por primera vez en la historia (Australia, aunque juegue las eliminatorias en Asia, es Oceanía). África y Asia, su fútbol de selecciones, le ganaron los lugares en general reservados a Sudamérica y a Europa. Como un guiño a Gianni Infantino, presidente de la FIFA, el nuevo orden emerge en Qatar 2022, la última edición con 32 selecciones antes de las 48 previstas para 2026, primer Mundial también organizado por tres países (Estados Unidos, México y Canadá).

Pero volvamos a Qatar. Después de la presentación de Australia, Senegal enfrentará hoy a las 16 a Inglaterra en su segundo acceso a octavos tras Corea del Sur-Japón 2002. La comunidad senegalesa en la Argentina -cerca de 10.000 inmigrantes, la más grande en América Latina- se prenderá a la TV. El capitán de Senegal es el defensor Kalidou Koulibaly, hoy en el Chelsea inglés, pero entre 2014 y 2022 en el Napoli, el club cuyo estadio se llama Diego Maradona. Como sus compatriotas en Argentina, trabajadores en su mayoría de la venta ambulante -“manteros”- que padecen golpizas y extorsiones de la policía, Koulibaly sufrió el racismo en Italia. “Yo jugué siete años en el Napoli -dijo Maradona en 2018, después de que Koulibaly recibiera cantos racistas-, y todavía me acuerdo de las banderas que decían ‘Bienvenidos a Italia’. Yo me siento un napolitano más, y hoy quiero estar al lado de Koulibaly”. Sin el lesionado Sadio Mané, el segundo mejor futbolista del mundo según France Football, Koulibaly será emblema ante Inglaterra.

“Senegal llegó como campeón de África, con Aliou Cissé como entrenador desde 2015, con la experiencia de Rusia 2018 en su espalda, y con un jugador top por línea: Édouard Mendy en el arco, Koulibaly, Gana Gueye en el medio y Mané, que se lesionó a último momento. Es un proceso largo, lo que en África es raro, y más con un entrenador local”, dice el periodista Francisco Jáuregui, autor de los libros Fútbol Africano I y II y del sitio sportingafrica.blogspot.com.ar. Senegal dejó atrás en el grupo A a la Ecuador dirigida por el argentino Gustavo Alfaro.

La primera vez que África había metido a dos selecciones en octavos de final había sido en Brasil 2014, con Nigeria y Argelia. A Senegal, ahora, se le suma Marruecos, que también jugará sus segundos octavos tras México 86. Marruecos se medirá el martes a las 12 con España, países separados por una frontera de 15,9 km (Ceuta y Melilla, ciudades al norte de Marruecos, pertenecen a España, únicos territorios europeos en África continental). “No hay moros en la costa”, reza la frase con origen en los pueblos españoles sobre el Mar Mediterráneo. Los “moros” eran los piratas berberiscos. Y España, el conquistador y colonizador.

Desde Nigeria en Francia 98, ninguna selección africana había ganado su grupo, hasta Marruecos en Qatar 2022: en el F, dejó atrás a Bélgica, tercera en Rusia 2018. Y es la selección favorita del mundo árabe, desde Qatar hasta Palestina. De los 26 futbolistas de Marruecos, 14 no nacieron en ese país. Son los hijos de la diáspora marroquí en Europa. Achraf Hakimi (PSG) nació en Madrid; Hakim Ziyech (Chelsea) y Noussair Mazraoui (Bayern Munich) en Países Bajos; el arquero Bono (Sevilla), en Canadá. Son, a la vez, los pilares de la selección. “Marruecos generaba un poco de dudas: había cambiado de entrenador, a Vahid Halilhodžić, que llevó a Argelia a octavos en Brasil 2014. No caía bien, en el último tiempo no citaba a Ziyech y a Mazraoui. Llegó Walid Regragui, entrenador local, que había ganado la Champions africana con el Wydad Casablanca, y trajo seriedad al equipo -cuenta el periodista Jáuregui, que visitó Senegal y Marruecos en viajes por África-. Son apasionados por el fútbol. Los marroquíes, en cuanto a clima de cancha, son más sudamericanos. Y los senegaleses, más festivos y más alegres, cánticos, bailes y percusión”. Las selecciones de África llegaron tres veces a cuartos de final. Hasta aquí, su stop en Copa del Mundo.

Desde la clasificación a su primer Mundial, a Francia 98, Japón participó en todos los Mundiales pero nunca pudo pasar el Rubicón de los octavos. Este lunes, a las 12, jugará sus octavos ante Croacia, subcampeón del mundo en Rusia. En el grupo E dejó atrás a Alemania y, además, le ganó a España. Japón es fuerte, sobre todo, en ataque, con Takefusa Kubo, Daichi Kamada, Daizen Maeda, Kaoru Mitoma, Takuma Asano y Ritsu Doan. Entre los 26 jugadores tiene más en la Bundesliga alemana (8) que en la J1 League japonesa (6). “El eje y corazón de Japón es Wataru Endō, que es el capitán del Stuttgart. Para que un japonés sea capitán de un equipo alemán, algo tiene”, precisa Carlos Arasaki, periodista de ascendencia japonesa, y ensaya razones del pase a octavos de Japón y de Corea del Sur: “Sobre los asiáticos se sigue repitiendo que son muy buenos físicamente y que les falta viveza, pero ese discurso ya quedó obsoleto. Lo de Japón y Corea transita por un camino parecido: la planificación exhaustiva del Mundial desde que se sortean los grupos y saben los rivales. Y de esa planificación no se mueve nadie, ni el técnico ni los jugadores. Esa disciplina y respeto fortalece, vayan para donde vayan, aún con la soga al cuello. La palabra del entrenador es suprema”.

Corea del Sur, que jugó todos los Mundiales desde México 86 y que dejó atrás a Uruguay en el grupo H, cerrará los octavos de final el martes a las 16 frente a Brasil. Corea del Sur jugará sus segundos octavos luego de Sudáfrica 2010. Pero en el Mundial 2002, que organizó con Japón, terminó cuarto. Corea del Sur y Estados Unidos (Uruguay 1930) son las únicas selecciones que llegaron a una semifinal de Mundial por fuera del duopolio Europa-Sudamérica. “Corea del Sur y Japón -apunta Arasaki- se fortalecen cuando se enfrentan a selecciones superiores, sobre todo contra europeas, no tanto con Argentina y Brasil. Y les cuesta ser protagonistas ante rivales inferiores”.

Australia, integrada a la Confederación Asiática desde 2006, había clasificado a octavos en Alemania 2006. En el grupo D de Qatar dejó atrás a Dinamarca (y a Perú en el repechaje). “Asia está en la misma situación que África hace unos años, cuando era sindicada como el futuro del fútbol. La diferencia es que los asiáticos tienen recursos, infraestructura y paciencia para seguir mejorando. En África se descansó demasiado sobre el talento individual y los males del fútbol en ese continente (corrupción, improvisación) no se erradicaron”, explica Juan Manuel D’Angelo, autor de Socceroos, un libro sobre el fútbol australiano, y advierte. “Ojo con el Sudeste Asiático. Hay mucho dinero disponible, y la Asociación de Naciones de Asia Sudoriental, la ASEAN, sueña con organizar una Copa del Mundo en conjunto”.

Porque si el mundo cambia, pareciera que cierto correlato se escenifica -o tiene su lugar- en un Mundial.