Asistimos a un fútbol argentino tan curioso que lo atractivo del torneo ocurre abajo. Es un formato de copa, la Copa de la Liga Profesional, dividido en dos zonas, por lo que primero está la clasificación (los cuatro primeros de cada lado) y luego viene la fase eliminatoria a un partido. Por eso la tensión arriba llegará más adelante. Mientras tanto los duelos se sostienen por la permanencia, que además de resolver uno de ellos por promedio tiene la particularidad del regreso, después de cuarenta años, de la pérdida de categoría por la tabla general, los puntos que se acumulan (o se pierden) en un año. La AFA ya anotó esta cuestión y para el año que viene trocó la cronología de los formatos: se empieza por la copa y se termina con la liga. 

Pero ahora la vista está puesta en esa tabla general, en su parte de abajo y, en todo caso, también en la de arriba pero por el ingreso a las copas continentales. La pelea urgente, la pelea de esta hora, es por la permanencia y eso genera el fuego de la competencia. Por eso es posible ver a algunos de esos equipos entre los que se clasifican, por ahora, a la siguiente fase, los cuartos de final. Entre ellos están Independiente y Huracán. También está Vélez, ahí nomás se lo ve a aparecer a Colón. Ya ha pasado en otras ocasiones. Tigre ganó la Copa de Liga en 2019 y se fue al descenso. Patronato no pudo evitar la caída pero ganó la Copa Argentina el año pasado.

La pregunta que escuchan los futbolistas de esos equipos durante estos días es cuál observan como el verdadero objetivo, qué prefieren o por qué juegan. La respuesta es similar casi siempre. Lo primero es salvarse, mantener la categoría, pero pensar en la pelea por el título resignifica la competencia, entrega otro aire. Algo de eso planteó Carlos Tevez apenas asumió en Independiente.

Luchar contra el descenso impone la urgencia. Entrega la sensación de abismo. Hay una idea acerca de que un equipo que atraviesa esa situación no puede arriesgar. Debe tener una posición más a la defensiva. Se construye la noción de que hay entrenadores especializados para la empresa. El nombre de Ricardo Caruso Lombardi es uno de los que navegó sobre ese rótulo los últimos tiempos. Son los técnicos sacapuntos. Como si los técnicos campeones, los que tienen propuestas más ofensivas, no lo sean. ¿Habrá un técnico más sacapuntos que Marcelo Gallardo en el fútbol argentino de los últimos diez años?

La doble situación de pelear por la permanencia y -aunque todavía falta mucho camino- también por el título ofrece algunas lecciones. Independiente asomó la cabeza en sus últimos partidos, y a partir de la llegada de Tevez, con una propuesta de ataque, incluso con buenos momentos de fútbol. Lo mismo ocurre con Huracán desde que Diego Martínez consiguió acomodar algunas piezas del equipo. No siempre sale, son apuestas, pero hay un intento. 

Tevez desembarcó en un estado de emergencia como reemplazo de Ricardo Zielinski, que suele rechazar que se lo ubique como un entrenador defensivo. Sin embargo, es lo que se vio de Independiente, lo que enojaba a los hinchas, y lo que además no garantizó la acumulación de puntos. Zielinski planteó en su momento que se hace lo que se puede con lo que se tiene. Puede ser. Aunque en su historia como entrenador haya conducido grandes planteles como ocurrió con Racing en 2016. En la misma línea, hace unos días, Rubén Insúa lo graficó con un diálogo en Urbana Play. «Un amigo me dice: ‘No me gustó el equipo porque le faltó esto y esto’. Yo le pregunté: ‘¿A vos dónde te gustaría veranear?’ ‘En Punta del Este’ ‘¿Y dónde veraneas?’ ‘En Mar de Ajó’ ‘¿Por qué?’ ‘Porque no me alcanza’ ‘¿Ah, viste?’, le dije«. Gustavo Alfaro, en una buena charla con el youtuber Ezzequiel, fue por el mismo lado: “El otro día -le dijo- hablaba con Israel Damonte que me decía que se siente perseguido por el rótulo de ‘defensivo’ y le dije: ‘Son batallas que ya no doy’”.

Es cierto que hay limitaciones, pero hay entrenadores que buscan potenciar a sus futbolistas, mejorarlos, y construir equipos que compitan y jueguen de frente ante los más poderosos. Que buscan tener la pelota. Defensa y Justicia es un buen ejemplo de Julio Vaccari para atrás. Argentinos Juniors, con Gabriel Milito o con Pablo Guede, es otro. Seguro hay más. Tener que pelear por la permanencia o administrar un plantel de bajo presupuesto aparece más como una excusa que como una explicación a la renuncia del protagonismo. Sea en la Argentina o incluso en la Premier League -hay que ver al Brighton de Roberto De Zerbi tocándole la pelota a los más poderosos- ser más agresivo en ataque, tener la pelota, no es una cuestión de presupuestos, tampoco de por qué se compite, es una elección.